Day 05 – A song that reminds you of someone
Hoy, Refugio, de Catupecu machu.
Day 04 – A song that makes you sad
Llevo todo el día con esta entrada abierta. No he sabido qué elegir y mientras el dia pasa me doy cuenta que no quiero poner nada, o que no se que poner. Al final las canciones que relaciono con la tristeza me dan mucha tranquilidad y no siento que haya algo que me pone triste. El asunto es diferente y no tengo muchas ganas de ahondar en eso aquí.
Así que pienso en canciones que me hacen viajar en la tristeza, que me ayudan a entender su presencia y permiten que navegue con mayor calma en ella, hoy al menos.
Blockhead, que sonaba mientras hacía arroz.
Mar de grises, un viaje a lo insoportable.
Alcest, porque es Alcest y de eso se trata
-(el tango no vale porque el tango es malo y lo que genera es mucho más macabro)
Ya sabía yo que al llegar aquí, este jueguito me iba a sacar la piedra.
Un día que ya no recuerdo descubrí que tengo mucha tristeza acumulada en mi. Otro día que ya no recuerdo supe que esta canción conseguía, casi siempre, que no sintiera eso por nueve minutos.
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Día 3.1
Ayer me enteré que la canción menos favorita terminaba siendo, para mi, una busqueda en el olvido, en el acto de voltear la mirada, un volver a lo que se deja de lado. "menos favorita", así lo tomé, algo favorito pero no tanto, que me gusta pero no está, que no me llevaría de viaje pero que siempre extraño porque siempre vuelve a recordarme que existe y que quiero o extraño.
Hoy es la canción que me hace feliz. Pero no hay una canción que logre, ni felicidad ni alegría, pero hay muchas que me engañan y me hacen cerrar los ojos para que olvide. Como un día que volvía a mi casa muy tarde en la noche y en el reproductor sonó rise to the level, y yo esperaba que dijera "signs on the water-signs on the waterfall" y caminaba y creo que me sentía bien.
Day 02 – Your least favorite song
Powerslave no tiene la culpa. Ahora
En la caja de discos de un amigo se encuentra muuy bien cuidada la discografía de Maiden. Su dueño, en este momento, cuida mis discos tambien. El tipo creció conmigo y ambos crecimos con canciones cómo esta, emborrachandonos en su casa o en la mía y oyendo música hasta que nos daba sueño o el alcohol nos mataba.
Es la canción menos favorita de hoy, pero como me gusta.
- mientras escribo esto, alguien me obliga a oir "Celos de hombre" de la sonora margarita. The rime of the ancient cumbia. No fue una buena experiencia
1. Day 01 – Your favorite song
Es mi canción favorita hoy. Realmente, cada vez que reaparece en mi vida termina por ser mi canción favorita.
Me da la impresión de que si uno quiere tatuarse una canción, la manera más respetuosa ha de ser con un cuchillo. Inscribirsela en la piel hasta que la partitura se vuelva una cicatriz y se sangre tanto como se cree que es posible sangrar cuando es oída. La asepsia de un sitio de tatuajes parece no ser el lugar para dejarse un sonido en el cuerpo, la aguja y la tinta se antojan demasiado sutiles para adelantar el ritual. Más aún si esa canción es la Última Curda. ¿Cómo tatuarla? ¿Habrá que pensar que antes de hacer cualquier cosa es necesario, como primer paso, abrazar completamente su significado, levantarse todas las mañanas y repetir a la manera de un mantra “la vida es una herida absurda”? Habrá que llorarla? O ahogarse en aguardiente? sentirla completamente en cada poro que será marcado con tinta, que va a sudar la canción y el dolor que implica? ¿Habrá que pensar en un juego de ir y venir entre la voz de Goyeneche y las imágenes que narra?, ¿vivir el hondo bajofondo? Tal vez no. Tal vez solo hay que decir que es un tango bonito. Pero sabemos que no es un tango bonito. Es un tango-muerte y decadencia, es la descripción de la caída en espiral, del perder el control en la vida y darse contra las paredes rebotando de un lado al otro sin ninguna dirección concreta.
Me mandan las partituras y las veo mientras quien va a cometer ese acto me pregunta cual me parece mejor. Yo abro los archivos y pienso qué frase me gustaría tatuar en mi cuerpo. Solo la partitura, con la letra como un secreto que guardo para mi con celo. Esa frase que Goyeneche canta pero que ahora es mi frase, en mi piel, respirando conmigo. Una canción que deja de ser solo un sonido y empieza a volverse parte de mi, que camina conmigo, se emborracha conmigo, duerme, respira, juega fútbol y me cuida, siempre sabiendo que ella es ese momento, ese instante en que el polaco suelta su voz gruesa y hundida en whisky para decir, en otro tiempo y en otro lugar, lo que yo le ordené cantar.
Cada vez que digo la frase tatuarse la última curda, pienso inevitablemente en que hay algo más que se está haciendo, algo mucho más profundo e intimo que el acto de sentarse en un silla para que un tatuador ponga una aguja con tinta en el propio cuerpo. Tatuarse la última curda parece más cercano a decidirse a hacer de la historia una cicatriz imborrable que contiene toda la decepción y esperanza que la vida puede ofrecer. No es tatuarse una canción ni un recuerdo, ni siquiera es afirmarse en el gusto por el sonido. Es más bien apropiarse de cada nota y de cada gemido desgarrado, de la voz ronca de Goyeneche y del bandoneón y reclamar en esa canción todo lo que ha sido despojado por el tiempo, todo lo que el tiempo ha arruinado, todos los vestigios y todos los sueños. Reclamar para sí cada emoción que esa canción puede inspirar en cualquiera, hacer un tango del mundo un tango propio.
Eso.