martes, 14 de julio de 2009

Calamaro en el llano

Alguien que conozco se murió, como se mueren muchos en el llano, estrellandose contra una vaca. Yo se, es horrible. Uno no puede evitar reirse. El tipo de muertes que parecen absurdas en una ciudad como Bogotá pero que son tan comunes por allá. Las vacas se saltan de noche los cercos, se paran en manadas en la mitad de la carretera y cuando el conductor se acerca, de repente la puta vaca aparece de frente, lo mira con cara de "te estaba esperando" y abraza su destino. A mi me pasó una vez, de los días mas horribles de mi vida. Este man que conocí iba por la marginal de la selva, la carretera que conecta el  llano cruzando las faldas de la cordillera oriental,  depronto vió los ojos de la vaca y tal vez, en una milésima de segundo,  todo su futuro pasó frente a sus ojos. Dicen que fue fulminante.
Luego un primo me cuenta que todo el pueblo bombardeó el facebook de este hombre con canciones y letras de Calamaro. Pudieron ser unos 40000000 mensajes, el número aproximado de canciones del compositor y cantante. Mientras me cuenta, no puedo evitar pensar en este man, recordar como  desde que era muy chiquito,  lo veía puntualmente dos veces al año (que resultaban siendo casi 4 meses). Hablaba siempre con una voz ligeramente suave y aguda, tartamudeando, obligandonos a todos a esperar por lo que tenía que decir. Era un tipo duro, de esos que tienen que trabajar y estudiar y lidiar con el ocio de sus vecinos y con el ideal de macho llanero que contradecía su tono de voz.
Casi todos los amigos de mis primos estudiaron en los dos Colegios del Estado, o mas bien, todos los amigos de mis primos que nacieron en Yopal antes de la bonanza petrolera estudiaron en colegios Estatales, como sus mamás y papás. Eso acercó a lo que de otra manera serían clases bien diferenciadas, obligó a esta gente a compartir y a sentir de una manera muy especial las tensiones socioculturales propias de las diferencias de clase, esas que van más allá de la plata que se tiene. Este man tuvo que ver como casi todos sus amigos salían de los dos grandes colegios públicos de Yopal y viajaban a Bogotá, Tunja o Bucaramanga (los ridiculamente ricos se fueron usa) mientras él se quedaba en esa casa, en ese pueblo que había cambiado  tanto por la doble violencia paramilitar y de la riqueza petrolera.
Para ellos, la violencia era un asunto relativamente normal, algo con lo que se lidiaba cotidianamente y que aprendían a sortear con relativa facilidad. En el campo, sin embargo, la situación se hacía más dificil. Al tiempo que explotaban el petróleo y empezaban a matar gente como arroz (como el arroz que se producía en Aguazul), profundas transformaciones se iban gestando. En una entrevista que hice alguna vez, el entrevistado me dijo que lo más claro, para él, había sido el vallenato.  El acordeón penetraba lentamente los bares, billares y casas, compitiendo con el arpa y los capachos que se mantenían guerreros entre acetatos, cassettes y aquellos que vivían en el llano antes de cusiana y cupiagua. Sin embargo, a otro nivel, por alguna razón, Calamaro se convirtió en el soundtrack de toda la generación de jovenes y jovanas de Yopal.  
A Fabían lo seguía viendo cada vez que podía. Nunca lo ví en Bogotá, la verdad nunca supe si alguna vez fue, aunque creo que sí.  Él  llegaba a la casa de mis tíos y entraba como si fuera suya. Saludaba, entraba al cuarto de mi primo, tomaba el control del ultra 64, o luego le decía que rápido porque estaban jugando dominó en la esquina, que no fuera vanidoso, que se moviera. Luego saliamos todos hacia cualquier tienda, bar, casa, lo que fuera. Lo deje de ver tres años, el tiempo en el que dejé de ir al llano. Preparé mi viaje de vuelta como un retorno extraño, como si curiosamente vlviera en el exilio, exilio del lugar que nunca ha sido propiamente mio, pero que definitivamente me ha constituido. Allá me lo encontré, otrta vez. Los amigos de mi primo se turnaban para llevarme por ahí. Fabían me llevó en su moto una noche al frente de una licorera donde todo el mundo pasaba. Todo se veía tan raro, como si algo estuviera anlcando demasiado a una gente que vivía en múltiples temporalidades. Luego termine haciendo una locura de esas que me pudo costar la vida, con una caja de aguardiente en las piernas y andando muy rápido en los vericuetos de las pequeñas calles del pueblo.Yo no tomaba, de eso me cuido en el llano, pero este man era otro cuento.
Un día cualquiera, en lo que pára mí eran vacaciones. El disco honestidad brutal en la mesa de la casa de mi primo, sus amigos y èl oyendolo como si fuera algun tipo de revelaciòn definitiva. Yo mirandolos de reojo, con la actitud del que no oye musiquita cursi, del que se mantiene a la distancia del rock argentino porque hay algo que esconde y es sospechoso. Hasta que tres canciones me emboscaron como si yo me hubiera convertido, subitamente, en un pedazo de vidrio que niños tratan de destruir a pedradas. La versiòn de Naranjo en Flor, No tan buenos aires y el Dia de la mujer mundial. Y nada, comprè el disco y me me deje arrastrar, pero solamente de reojo, nunca en totalidad. Realmente no porque no me gustara lo suficiente (aunque nunca me ha gustado lo suficiente) sino porque para mi Calamaro nunca tendrà el mismo significado que para lo que toda esa generación que se aferró aun sonido para tener elementos comúnes, para galopar entre las balas como el ejercicio natural de su cotidianidad.
 
En el cantante, Calamaro hace un cover de "sus ojos se cerraron", el famoso tango sobre la muerte y la inútil satisfacción de quien da un pésame. En esa canción, Calamaro describe la inevitable distancia de la experiencia frente al dolor de la pérdida. No hay manera de sentir el dolor del otro, la forma en que la muerte atraviesa a la gente como un rayo, la soledad y la manera en que quienes quedán vivos no pueden hacer otra cosa que sumirse en el dolor. Los amigos de Fabían, se vuelcan hacia Calamaro como el único recuerdo tangible y común. Como si el señor Argentino fuera de ellos.  A mi, sin embargo, solo me queda pararme en los límites de eso que ellos viven, hacer parte de quienes miran desde lejos, de a quienes Gardel y ahora Calamaro condenan a la insalvable distancia:¨yo se que ahora, vendran caras extrañas, con su limosna de alivio a mi tormento/ todo es mentira, mentira ese lamento/ hoy esta solo/mi corazón".
'Me entero que mi primo viaja para Francia el día que yo llego.  Como si la muerte de Fabian marcará el fin de  de algo mucho más profundo.  Tal vez nos crucemos en el aire. 

domingo, 7 de junio de 2009

Isis

Lo que me gusta de Isis es la manera como entran al escenario. Los manes están detrás de una pantalla donde pasan videos muy extraños y que funciona como cortina para que no veamos como arreglan los instrumentos. La pantalla no cubre todo, por lo que los espectadores que se encuentran mas cerca del escenario y a las esquinas pueden ver que ocurre en la tarima. Mientras, suena algo que se parece a Neurosis -en un concierto de estos todo tiene que sonar Neurosis, o Tool- y mientras veo que están acomodando al frente mio los sintetizadores, en la pantalla muestran a un cuervo que, amarrado por un hilo negro a una de sus patas, trata de volar hasta una ventanita rectangular, pequeña pero única posibilidad de libertad. El color de los ojos del cuervo cambia varias veces y la sensación de ansiedad se apodera de quien ve el video, o sea, se apodera de mi hasta obligarme a dejar de mirar. Estoy seguro de que no solo me sucede a mi sino a todo el que le pone atención un rato a la pantalla.

Isis sale y empieza a tocar, sin saludar, sin mirar al público, sin ningún tipo deparafernalía, casi como abofeteando a Kiss. Dulcinea, Wrist of kings, canciones viejas y canciones más nuevas, una detrás de la otra a un volúmen que logra hacer que duelan los oídos. Pelican Estuvo bien, muy bien de hecho. Esa banda me recuerda mucho a Maiden, es como post-rock con heavy. Pero lo que pasó con Isis, a mi manera de ver, no se puede catalogar con esos criterios. La gente se dejó atrapar muy fácil por un sonido que salía de los instrumentos, se mezclaba en los parlantes y salía despedido con una violencia tremendamente sútil hasta apropiarse de todo el auditorio.

La repetición se vuelve hipnótica. Uno puede sentir como el auditorio completo se va volcando sobre el sonido de Isis, dejando que ellos nos introduzcan en una especie de loop que va siendo cada vez mas profundo e intenso. A veces da la sensación de querer escapar, como si entre las luces del escenario y la música se escondiera un asesino con un cuchillo y si la música no cambia, el tipo fuera a matarnos. Pero nos perdemos lentamente en ese ejercicio hipnótico que la banda nos ofrece y nos dejamos llevar. Yo lo veo, lo siento en la dispocisión de los cuerpos de la gente alrededor mio, personas con los ojos cerrados, moviendo su cabeza de arriba abajo con mucho cuidado, como si les diera miedo que se les fuera a caer, sujetos y sujetas con la mirada fija en el escenario y los labios siguiendo la tonada,anticipando los movimientos de las manos del guitarro, pero depronto todo cambia. El efecto es exactamente el de un sacudón, la figura del asesino que parece haber saltado del escenario hacia el público a degollar a alguien.La voz gutural, mas bien parecida a un eco de algún grito desgarrado, aparece de vez en cuando y la música empieza a girar alrededor de ella.

Luego, se despiden, pero no dicen nada. Levantan sus manos como diciendo chao y como si fueran muy timidos y las luces se prenden y yo me quedé con ganas de fumar.

sábado, 16 de mayo de 2009

pasajero

Passenger. Deftones sonando en la séptima con 59 y Dos manes que recorren toda la ciudad para pedirla en cada bar y cantarla como si fuera “me bebí tu recuerdo” o alguna de esas que se desangra y deja sus rastros en el vaso del despechado. Una imagen en blanco y negro, como un negativo de una cámara estenopeica que captura muchas escenas de un hombre pegado a la ventana de un carro o de un bus y que deja su aliento marcado sobre el vidrio, a eso de las tres de la mañana. Medio dormido, medio despierto, mientras ve como pasan las luces de pueblitos que se han creado con la única intención de esperar a que él se baje, a que la gente pase para venderle un tinto con aguadepanela o una almojabana.  

Dos voces en la canción, Maynard y Chino. Dos personas en el carro, tal vez jadeando, tal vez envolviéndose en ellos mismos, encontrando los lugares precisos para poner las manos, para garantizar la velocidad, el manejo requerido de su propio tiempo. Entre desvancerse y explotar. Una canción que parece una estela que se quiebra como el sonido de una bomba en la mitad de la presentación de un flautista.

Dos manes por la séptima, cambiando de bar, subiendo por la 59 y moviéndose a la derecha en dirección al centro. La séptima tiene mucho ruido, demasiados carros, como cuando esa ranita del juego trata de pasar la calle y obtiene como recompensa su cuerpo, pixelado y verde, aplastado en el asfalto virtual. Una canción que parece ir como si fuera el mar y algo navegara sobre ella, la voz de Maynard, la voz de Chino, las voces de estos manes tarareando ocasionalmente el coro, o lo que piensan que es el coro. 

Dos cervezas en una mesa de madera, un cigarrillo sobre un cenicero de plástico color negro. Dos marcas de botellas de cerveza, la ceniza que se pega y mancha ligeramente de negro la mesa, esa mezcla del olor de la cerveza en el aire, del humo flotando y quedándose en a ropa de todos los que estamos en el sitio. Dos sillas sin espaldar, dos figuras encorvadas buscando una pared donde recostarse, dos voces que hablan y esperan a que suene passenger otra vez. 

lunes, 11 de mayo de 2009

post número uno.

Este, supongo, será un blog sobre música. Las cosas cambían y por eso solo me queda suponer su destino. Será un blog serio, o por lo menos tratará de ser mas ordenado y reflexivo, o algo así. Tampoco sé, pero digamos que esas ideas rondan por ahí. Quiero escribir algo donde la música aparezca como parte de lo que escribo. O algo así, no estoy muy seguro de eso porque no se muy bien que quiere decir. 
Ahora escribo y oigo O mundo: Lenine, Paulinho Moska, Chico Cesare, Zeca baleiro. 
Porque você me trata mal
Se eu te trato bem
Porque você me faz o mal
Se eu só te faço o bem

Y uno cree que puede entender algo con la letra, o solo con ella. Dejando de lado la música,  arrastrando las letras como si le tuvieramos miedo a lo que produce el sonido. Pero la música es inhaprensible. No puedo nombrarla, no puedo hacer nada con ella, nada distinto a dejar que llegue a mi y que mientras oigo esta canción, sienta como mi espalda empieza a sudar, como me pongo algo nervioso, como no puedo hacer nada distinto a esperar a que pase esa sensación que no puedo racionalizar. 
En el perseguidor, Bruno está en el límite que le impone Johnny. Bruno trata de entender, de atrapar cualquier signo que se le escape a Johnny para poder apreciar algo y escribir sobre ello. Lo único que alcanza es  consignar su miedo,  reconocer la ansiedad que le produce el saber que Johnny piensa en otros términos, por fuera de los límites del tiempo músical,  siempre antes o despues, siempre en diagonal, que el tiempo es algo que Johnny destruyó cuando dijo "esto ya lo toqué mañana" y que Bruno está condenado a observar como Johnny dobla las leyes de la linearidad para estar siempre en lo inestable. Y que eso lo mata. Bruno es testigo de ese proceso, y le queda claro que nunca podrá acercarse a la vasta complejidad de lo que Johnny quiere decir, y solo hasta la muerte de Johnny se libera para volver a la tranquila estabilidad de la secuencia, del sentido común, de la coherencia del tiempo. 
Así que puesto en esos términos,yo tambien soy Bruno y este blog es sobre Johnny.